El acoso escolar, también llamado bullying, es uno de los
temas más actuales en la sociedad, ya que en numerosos medios de comunicación
se observan como diversos menores son victimizados en centros educativos por
sus propios compañeros de clase. Según Dan Olweus citado por Ana Pilar
Gutiérrez (2009) afirma que “Un estudiante se convierte en víctima de acoso
escolar cuando está expuesto. De forma reiterada y a lo largo del tiempo, a
acciones negativas llevadas a cabo por otro u otros estudiantes”.
Familia-escuela son dos contextos considerados
imprescindibles en el desarrollo de un individuo, por lo tanto ambos deben
tener una colaboración y una formación para ayudar, atender y escuchar a los
niños cuando éstos piden auxilio.
En un principio, estas agresiones no son consideradas
importantes por la familia o los educadores, puesto que no conocen verdaderamente
el sufrimiento de estos actos. La violencia no es un juego ni son cosas de
niños, son sucesos que conllevan grandes consecuencias, no solo físicas, para
aquellas personas que lo viven. Isabel Fernández (1999) considera que: “Sólo
cuando se inflige daño físico, verbal o psicológico a otro miembro de la
comunidad, ya sea adulto o un igual, se considera violencia”.
El objetivo final de los educadores y los futuros docentes
es intentar mejorar la práctica educativa de nuestra sociedad actual, para
cambiar y ofrecer la posibilidad a cada persona, independientemente de ser
menor, de tener el privilegio de poder expresarse y tener palabra propia
para poder buscar soluciones consensuadas antes dichas actuaciones.
Gutiérrez, A. P. G., & Gutiérrez Gutiérrez, A. P.
(2009). El acoso escolar. Contribuciones a las Ciencias Sociales, 2.
Recuperado de http://www.eumed.net/rev/cccss/03/apgg2%20.pdf
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